Enseñanzas del Supermercado

En mi camino de maternidad y enseñanza/aprendizaje he descubierto que muchas veces dejamos ir oportunidades de enseñanza o desarrollo escondidas en la vida misma. Estamos tan acostumbrados a ir a completar las actividades, tan enfocados en resultados que olvidamos a veces analizar y disfrutar los procesos. Con niños, tu estilo de vida cambia por completo y al inicio sueles pensar que ya no puedes hacer ciertas cosas ahora que los tienes. Sin embargo, algo que aprendí con ellos es que si cambias tus procesos actuales, puedes lograrlo. Una de las frases que yo siempre o digo a mis hijos es: “todo se puede, sólo hay que encontrar la manera”, y así me gusta vivir.

En mi caso, un proceso que cambié por completo fue la ida al supermercado. Nunca me encantó hacerlo, pero ahora lo disfruto mucho. Cuando entras en contacto con la filosofía Doman (y Montessori también) aprendes a ver oportunidades de aprendizaje por todos lados, en todos los procesos de tu día. Y una muy grande, que podría pasar desaprovechada es la ida a las compras. Ian, Zuri y yo hacemos las compras grandes para la casa una vez por semana. Generalmente me piden ir dentro del carrito. Zuri me va leyendo la lista y va tachando lo que ya tomamos. Ian me ayuda a acomodarlo dentro del mismo.


Zuri marcando la lista

Zuri marcando la lista

En la fruta, Zuri e Ian ayudan a echarla en las bolsas, mientras contamos las piezas que necesitamos. Luego vamos a pesarlo a la báscula para saber cuántos kilos llevamos. Hablamos sobre piezas, peso y precios. Contamos, sumamos y multiplicamos.  Cuando ven algún producto que les llama la atención sobre el pasillo central, lo tomamos y leemos los ingredientes. Platicamos sobre lo que contiene y si sería bueno o no llevarlo. (Un curso que tomé hace un tiempo nos decía que si no lo puedes pronunciar, no lo comas.)


Zuri escogiendo Limones

Zuri escogiendo Limones

Pasándome algunas verduras

Pasándome algunas verduras


En fin, de las frutas pasamos a los productos de limpieza. Ahí generalmente ya van caminando al lado del carrito, o incluso empujándolo. A Zuri le gusta cargar el detergente y ponerlo en la parte de abajo. Ian quisiera hacer lo mismo, pero aún no puede.

Al llegar a la caja, me ayudan a poner todo en la banda. Esa zona es un poco “peligrosa” porque está llena de cosas que se les antoja llevar (papas, chocolates, paletas…) Esa es la zona donde practicamos negociación y solución de conflictos. A veces acordamos llevar algo aún si no está en la lista, a veces Zuri dice que lo compra con dinero de su cochinito… A veces, no llevamos nada. Ian comunica perfectamente lo que quiere y lo que no, y por su edad (2 años) sé que para su cerebro es difícil lidiar con una decepción,y por eso nos tomamos el tiempo para que se despida de los dulces que ve (que llaman la atención por sus cajitas vistosas con dibujos) y no los llevamos.


Echando las compras a la banda

Echando las compras a la banda


El otro día, mientras caminábamos por el supermercado Ian encontró un muñeco de IronMan que agarró y no quiso soltar. Le dije que lo podía tener mientras terminábamos las compras, pero que al llegar a la caja lo iba a tener que dejar. Cuando nos acercábamos a cajas, le recordé que fuera despidiéndose del muñeco. Al llegar, se lo pedí y me lo dio diciéndole “Bye”.

Por supuesto nuestro súper dura unas dos horas, imposible hacerlo con prisas o menos tiempo. Y también hay días en los que los niños no andan de humor (porque no durmieron bien o están cansados o hambrientos, o se sienten mal…). Estos días también pasan. Cuando esto me sucede saco algo entretenedor de mi bolsa, o si no traigo nada, como la última vez, camino a la zona de libros, elegimos uno (que compraremos) y se lo doy a Zuri para que lo lea, mientras yo me apuro.


Zuri leyendo en el súper

Zuri leyendo en el súper mientras Ian carga el muñeco que le gustó y trajo durante todo el súper.


Esa vez, recuerdo que llegamos a las cajas y de pronto Zuri levanta la mirada (después de estar absorta un buen rato en el libro) y dice… ¿Ya llegamos aquí tan rápido? ¿Cómo pasó?

Cuando pagamos Zuri puede leer lo que cuesta cada cosa. Al final a veces me dice que ella da el dinero. En fin, así son nuestras compras y en lugar de verlas como algo que debe hacerse rápido y preferiblemente sin niños, lo veo como una clase muy valiosa semanal a la que asistimos todos. ¿Y tú? ¿Has encontrado un nuevo giro en alguna actividad habitual desde que tienes hijos?

 

Comentarios 1

Responder a Ana Cristina González Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *